18 maio 2013

¿Es el papa Francisco una paradoja?

Jorge Bergoglio ha despertado la esperanza de que otra Iglesia católica es posible. Su estilo al asumir el pontificado, su lenguaje y su decisión de hacerse llamar Francisco remiten a la pobreza, humildad y sencillez que predicaba Francisco de Asís.
¿Quién lo iba a pensar? Cuando tomé la pronta decisión de renunciar a mis cargos honoríficos en mi 85º cumpleaños, supuse que el sueño que llevaba albergando durante décadas de volver a presenciar un cambio profundo en nuestra Iglesia como con Juan XXIII nunca llegaría a cumplirse en lo que me quedaba de vida.
Y, mira por dónde, he visto cómo mi antiguo compañero teológico Joseph Ratzinger —ambos tenemos ahora 85 años— dimitía de pronto de su cargo papal, y precisamente el 19 de marzo de 2013, el día de su santo y mi cumpleaños, pasó a ocupar su puesto un nuevo Papa con el sorprendente nombre de Francisco.
¿Habrá reflexionado Jorge Mario Bergoglio acerca de por qué ningún papa se había atrevido hasta ahora a elegir el nombre de Francisco? En cualquier caso, el argentino era consciente de que con el nombre de Francisco se estaba vinculando con Francisco de Asís, el universalmente conocido disidente del siglo XIII, el otrora vivaracho y mundano vástago de un rico comerciante textil de Asís que, a la edad de 24 años, renunció a su familia, a la riqueza y a su carrera e incluso devolvió a su padre sus lujosos ropajes.
Resulta sorprendente que el papa Francisco haya optado por un nuevo estilo desde el momento en el que asumió el cargo: a diferencia de su predecesor, no quiso ni la mitra con oro y piedras preciosas, ni la muceta púrpura orlada con armiño, ni los zapatos y el sombrero rojos a medida ni el pomposo trono con la tiara. Igual de sorprendente resulta que el nuevo Papa rehúya conscientemente los gestos patéticos y la retórica pretenciosa y que hable en la lengua del pueblo, tal y como pueden practicar su profesión los predicadores laicos, prohibidos por los papas tanto por aquel entonces como actualmente. Y, por último, resulta sorprendente que el nuevo Papa haga hincapié en su humanidad: solicita el ruego del pueblo antes de que él mismo lo bendiga; paga la cuenta de su hotel como cualquier persona; confraterniza con los cardenales en el autobús, en la residencia común, en su despedida oficial; y lava los pies a jóvenes reclusos (también a mujeres, e incluso a una musulmana). Es un Papa que demuestra que, como ser humano, tiene los pies en la tierra.
El pontífice no quiso ni la mitra con oro, ni los zapatos, ni el pomposo trono con la tiara
Todo eso habría alegrado a Francisco de Asís y es lo contrario de lo que representaba en su época el papa Inocencio III (1198-1216). En 1209, Francisco fue a visitar al papa a Roma junto con 11 hermanos menores (fratres minores) para presentarle sus escuetas normas compuestas únicamente de citas de la Biblia y recibir la aprobación papal de su modo de vida “de acuerdo con el sagrado Evangelio”, basado en la pobreza real y en la predicación laica. Inocencio III, conde de Segni, nombrado papa a la edad de 37 años, era un soberano nato: teólogo educado en París, sagaz jurista, diestro orador, inteligente administrador y refinado diplomático. Nunca antes ni después tuvo un papa tanto poder como él. La revolución desde arriba (Reforma gregoriana) iniciada por Gregorio VII en el siglo XI alcanzó su objetivo con él. En lugar del título de “vicario de Pedro”, él prefería para cada obispo o sacerdote el título utilizado hasta el siglo XII de “vicario de Cristo” (Inocencio IV lo convirtió incluso en “vicario de Dios”). A diferencia del siglo I y sin lograr nunca el reconocimiento de la Iglesia apostólica oriental, el papa se comportó desde ese momento como un monarca, legislador y juez absoluto de la cristiandad... hasta ahora.
Pero el triunfal pontificado de Inocencio III no solo terminó siendo una culminación, sino también un punto de inflexión. Ya en su época se manifestaron los primeros síntomas de decadencia que, en parte, han llegado hasta nuestros días como las señas de identidad del sistema de la curia romana: el nepotismo, la avidez extrema, la corrupción y los negocios financieros dudosos. Pero ya en los años setenta y ochenta del siglo XII surgieron poderosos movimientos inconformistas de penitencia y pobreza (los cátaros o los valdenses). Pero los papas y obispos cargaron libremente contra estas amenazadoras corrientes prohibiendo la predicación laica y condenando a los “herejes” mediante la Inquisición e incluso con cruzadas contra ellos.
Pero fue precisamente Inocencio III el que, a pesar de toda su política centrada en exterminar a los obstinados “herejes” (los cátaros), trató de integrar en la Iglesia a los movimientos evangélico-apostólicos de pobreza. Incluso Inocencio era consciente de la urgente necesidad de reformar la Iglesia, para la cual terminó convocando el fastuoso IV Concilio de Letrán. De esta forma, tras muchas exhortaciones, acabó concediéndole a Francisco de Asís la autorización de realizar sermones penitenciales. Por encima del ideal de la absoluta pobreza que se solía exigir, podía por fin explorar la voluntad de Dios en la oración. A causa de una aparición en la que un religioso bajito y modesto evitaba el derrumbamiento de la Basílica Papal de San Juan de Letrán —o eso es lo que cuentan—, el Papa decidió finalmente aprobar la norma de Francisco de Asís. La promulgó ante los cardenales en el consistorio, pero no permitió que se pusiera por escrito.
Francisco de Asís representaba y representa de facto la alternativa al sistema romano. ¿Qué habría pasado si Inocencio y los suyos hubieran vuelto a ser fieles al Evangelio? Entendidas desde un punto de vista espiritual, si bien no literal, sus exigencias evangélicas implicaban e implican un cuestionamiento enorme del sistema romano, esa estructura de poder centralizada, juridificada, politizada y clericalizada que se había apoderado de Cristo en Roma desde el siglo XI.
Con Inocencio III se manifestaron los primeros síntomas de nepotismo y corrupción del Vaticano
Puede que Inocencio III haya sido el único papa que, a causa de las extraordinarias cualidades y poderes que tenía la Iglesia, podría haber determinado otro camino totalmente distinto; eso habría podido ahorrarle el cisma y el exilio al papado de los siglos XIV y XV y la Reforma protestante a la Iglesia del siglo XVI. No cabe duda de que, ya en el siglo XII, eso habría tenido como consecuencia un cambio de paradigma dentro de la Iglesia católica que no habría escindido la Iglesia, sino que más bien la habría renovado y, al mismo tiempo, habría reconciliado a las Iglesias occidental y oriental.
De esta manera, las preocupaciones centrales de Francisco de Asís, propias del cristianismo primitivo, han seguido siendo hasta hoy cuestiones planteadas a la Iglesia católica y, ahora, a un papa que, en el aspecto programático, se denomina Francisco: paupertas (pobreza), humilitas (humildad) y simplicitas (sencillez).
Puede que eso explique por qué hasta ahora ningún papa se había atrevido a adoptar el nombre de Francisco: porque las pretensiones parecen demasiado elevadas.
Pero eso nos lleva a la segunda pregunta: ¿qué significa hoy día para un papa que haya aceptado valientemente el nombre de Francisco? Es evidente que tampoco se debe idealizar la figura de Francisco de Asís, que también tenía sus prejuicios, sus exaltaciones y sus flaquezas. No es ninguna norma absoluta. Pero sus preocupaciones, propias del cristianismo primitivo, se deben tomar en serio, aunque no se puedan poner en práctica literalmente, sino que deberían ser adaptadas por el Papa y la Iglesia a la época actual.
[SUMVACIO]Las enseñanzas de Francisco de Asís de altruismo y fraternidad deberían ser actualizadas
1. ¿Paupertas, pobreza? En el espíritu de Inocencio III, la Iglesia es una Iglesia de la riqueza, del advenedizo y de la pompa, de la avidez extrema y de los escándalos financieros. En cambio, en el espíritu de Francisco, la Iglesia es una Iglesia de la política financiera transparente y de la vida sencilla, una Iglesia que se preocupa principalmente por los pobres, los débiles y los desfavorecidos, que no acumula riquezas ni capital, sino que lucha activamente contra la pobreza y ofrece condiciones laborales ejemplares para sus trabajadores.
2. ¿Humilitas, humildad? En el espíritu de Inocencio, la Iglesia es una Iglesia del dominio, de la burocracia y de la discriminación, de la represión y de la Inquisición. En cambio, en el espíritu de Francisco, la Iglesia es una Iglesia del altruismo, del diálogo, de la fraternidad, de la hospitalidad incluso para los inconformistas, del servicio nada pretencioso a los superiores y de la comunidad social solidaria que no excluye de la Iglesia nuevas fuerzas e ideas religiosas, sino que les otorga un carácter fructífero.
3. ¿Simplicitas, sencillez? En el espíritu de Inocencio, la Iglesia es una Iglesia de la inmutabilidad dogmática, de la censura moral y del régimen jurídico, una Iglesia del miedo, del derecho canónico que todo lo regula y de la escolástica que todo lo sabe. En cambio, en el espíritu de Francisco, la Iglesia es una Iglesia del mensaje alegre y del regocijo, de una teología basada en el mero Evangelio, que escucha a las personas en lugar de adoctrinarlas desde arriba, que no solo enseña, sino que también está constantemente aprendiendo.
De esta forma, se pueden formular asimismo hoy día, en vista de las preocupaciones y las apreciaciones de Francisco de Asís, las opciones generales de una Iglesia católica cuya fachada brilla a base de magnificentes manifestaciones romanas, pero cuya estructura interna en el día a día de las comunidades en muchos países se revela podrida y quebradiza, por lo que muchas personas se han despedido de ella tanto interna como externamente.
Es poco probable que los soberanos vaticanos permitan que se les quite el poder acumulado
No obstante, ningún ser racional esperará que una única persona lleve a cabo todas las reformas de la noche a la mañana. Aun así, en cinco años sería posible un cambio de paradigma: eso lo demostró en el siglo XI el papa León IX de Lorena (1049-1054), que allanó el terreno para la reforma de Gregorio VII. Y también quedó demostrado en el siglo XX por el italiano Juan XXIII (1958-1963), que convocó el Concilio Vaticano II. Hoy debería volver a estar clara la senda que se ha de tomar: no una involución restaurativa hacia épocas preconciliares como en el caso de los papas polaco y alemán, sino pasos reformistas bien pensados, planificados y correctamente transmitidos en consonancia con el Concilio Vaticano II.
Hay una tercera pregunta que se planteaba por aquel entonces al igual que ahora: ¿no se topará una reforma de la Iglesia con una resistencia considerable? No cabe duda de que, de este modo, se provocarían unas potentes fuerzas de reacción, sobre todo en la fábrica de poder de la curia romana, a las que habría que plantar cara. Es poco probable que los soberanos vaticanos permitan de buen grado que se les arrebate el poder que han ido acumulando desde la Edad Media.
El poder de la presión de la curia es algo que también tuvo que experimentar Francisco de Asís. Él, que pretendía desprenderse de todo a través de la pobreza, fue buscando cada vez más el amparo de la “santa madre Iglesia”. Él no quería vivir enfrentado a la jerarquía, sino de conformidad con Jesús obedeciendo al papa y a la curia: en pobreza real y con predicación laica. De hecho, dejó que los subieran de rango a él y a sus acólitos por medio de la tonsura dentro del estatus de los clérigos. Eso facilitaba la actividad de predicar, pero fomentaba la clericalización de la comunidad joven, que cada vez englobaba a más sacerdotes. Por eso no resulta sorprendente que la comunidad franciscana se fuera integrando cada vez más dentro del sistema romano. Los últimos años de Francisco quedaron ensombrecidos por la tensión entre el ideal original de imitar a Jesucristo y la acomodación de su comunidad al tipo de vida monacal seguido hasta la fecha.
En honor a Francisco, cabe mencionar que falleció el 3 de octubre de 1226 tan pobre como vivió, con tan solo 44 años. Diez años antes, un año después del IV Concilio de Letrán, había fallecido de forma totalmente inesperada el papa Inocencio III a la edad de 56 años. El 16 de junio de 1216 se encontraron en la catedral de Perugia el cadáver de la persona cuyo poder, patrimonio y riqueza en el trono sagrado nadie había sabido incrementar como él, abandonado por todo el mundo y totalmente desnudo, saqueado por sus propios criados. Un fanal para la transformación del dominio en desfallecimiento papal: al principio del siglo XIII, el glorioso mandatario Inocencio III; a finales de siglo, el megalómano Bonifacio VIII (1294-1303), que fue apresado de forma deplorable; seguido de los cerca de 70 años que duró el exilio de Aviñón y el cisma de Occidente con dos y, finalmente, tres papas.
Menos de dos décadas después de la muerte de Francisco, el movimiento franciscano que tan rápidamente se había extendido pareció quedar prácticamente domesticado por la Iglesia católica, de forma que empezó a servir a la política papal como una orden más e incluso se dejó involucrar en la Inquisición.
Al igual que fue posible domesticar finalmente a Francisco de Asís y a sus acólitos dentro del sistema romano, está claro que no se puede excluir que el papa Francisco termine quedando atrapado en el sistema romano que debería reformar. ¿Es el papa Francisco una paradoja? ¿Se podrán reconciliar alguna vez la figura del papa y Francisco, que son claros antónimos? Solo será posible con un papa que apueste por las reformas en el sentido evangélico. No deberíamos renunciar demasiado pronto a nuestra esperanza en un pastor angelicus como él.
Por último, una cuarta pregunta: ¿qué se puede hacer si nos arrebatan desde arriba la esperanza en la reforma? Sea como sea, ya se ha acabado la época en la que el papa y los obispos podían contar con la obediencia incondicional de los fieles. Así, a través de la Reforma gregoriana del siglo XI se introdujo una determinada mística de la obediencia en la Iglesia católica: obedecer a Dios implica obedecer a la Iglesia y eso, a su vez, implica obedecer al papa, y viceversa. Desde esa época, la obediencia de todos los cristianos al papa se impuso como una virtud clave; obligar a seguir órdenes y a obedecer (con los métodos que fueran necesarios) era el estilo romano. Pero la ecuación medieval de “obediencia a Dios = obediencia a la Iglesia = obediencia al papa” encierra ya en sí misma una contradicción con las palabras de los apóstoles ante el Gran Sanedrín de Jerusalén: “Hay que obedecer a Dios más que a las personas”.
Por tanto, no hay que caer en la resignación, sino que, a falta de impulsos reformistas “desde arriba”, desde la jerarquía, se han de acometer con decisión reformas “desde abajo”, desde el pueblo. Si el papa Francisco adopta el enfoque de las reformas, contará con el amplio apoyo del pueblo más allá de la Iglesia católica. Pero si al final optase por continuar como hasta ahora y no solucionar la necesidad de reformas, el grito de “¡indignaos! indignez-vous!” resonará cada vez más incluso dentro de la Iglesia católica y provocará reformas desde abajo que se materializarán incluso sin la aprobación de la jerarquía y, en muchas ocasiones, a pesar de sus intentos de dar al traste con ellas. En el peor de los casos —y esto es algo que escribí antes de que saliera elegido el actual Papa—, la Iglesia católica vivirá una nueva era glacial en lugar de una primavera y correrá el riesgo de quedarse reducida a una secta grande de poca monta.
10 de Maio 2013
in El País

Celebrando a revolução de João XXIII no 50º ano da sua morte


CONVITE
O Movimento Internacional Nós Somos Igreja – Portugal
tem o prazer de anunciar o

ENCONTRO/DEBATE

Celebrando a Revolução de João XXIII

1º Painel: 15.30-16.30

O mundo inteiro é a minha família: O percurso de João XXIII nos seus Testamentos
Frei Bento Domingues, O.P.

Contexto histórico da eleição de João XXIII
Irene Flunser Pimentel

Debate

Pausa café

2º Painel: 17-18.00

Quem foi João XXIII?
Frei Mateus Cardoso Peres, O.P.

A importância de João XXIII para a entrada da Igreja na modernidade
Fernanda Henriques


       Moderadora dos 2 Painéis
       Alfreda Ferreira da Fonseca
 
Debate

18.15: Celebração Eucarística

Data: 25 de Maio 2013 – Sábado, 15.30 horas
Local: Convento de S. Domingos
Rua João Freitas Branco Nº 12,
1500-359 Lisboa
Metro: Altos dos Moínhos
Estacionamento nas imediações e no Pátio do Convento
Entrada Livre






12 maio 2013

Hermenêutica

            
         Nesta reflexão sobre mulheres como Igreja e na Igreja, observe-se o terceiro pilar da minha proposta sobre a igual dignidade das mulheres e homens. Hermenêutica. Entenda-se a arte de interpretar as Escrituras, de as ler, compreender, absorver. Parece-nos que o Novo Testamento é muito claro. Ambos os sexos são chamados para escutar a Boa Nova. Ambos são chamados à salvação.  Jesus Cristo, o Messias, o Profeta, o Cordeiro, não neutralizou a humanidade e também não atribuiu diferenças ontológicas às mulheres e aos homens. Com todas e todos deseja viver o seu amor até ao infinito e a todos e todas quer integrar na sua mensagem. Ambos os sexos são desafiados a segui-Lo. Todas e todos são interpelados pelo Sermão na Montanha e pelo maior dos mandamentos, sem distinção de sexos. Jesus não estabeleceu hierarquias, não enunciou tarefas para uns e para outras. Antes pelo contrário. O que significa que as diferenças atribuídas ao estatuto das mulheres e dos homens na Igreja-instituição (e não na Igreja-Povo de Deus – mais uma contradição, e a teologia exige coerência) são uma construção artificial de alguns homens da Igreja-instituição, que cometeram o tradicional pecado de não quererem partilhar o poder, o serviço, com a outra metade do Povo de Deus.
         A leitura do Evangelho segundo São Mateus é esclarecedora. Não para conhecer o que Jesus disse das mulheres ou a forma como Ele as tratava. Essa análise já foi realizada por muitas pessoas. Vejamos antes alguns breves exemplos do discurso de Jesus, a fim de compreender com quem ele procurava comunicar. São numerosas as passagens que sublinham a plena igualdade e dignidade dos seres humanos. Se Jesus tivesse tido a intenção de distinguir entre homens e mulheres tê-lo-ia dito. A leitura de São Mateus também nos ensina que Jesus estava bem ciente da psicologia humana.
         Ao longo dos Evangelhos o leitor é desafiado, instruído, interpelado e chamado à salvação. O outro, o ‘semelhante’,  o ‘próximo’, é muitas vezes referido, mas nunca se fala de um ou outro sexo. O outro é a totalidade do outro, seja qual for o seu género. Nada nos Evangelhos nos permite excluir alguém do poder da graça ou do serviço ao próximo. O espírito do texto é o de inclusão e é aí que reside a sua novidade absoluta, naquele tempo como agora. No próximo mês indicaremos alguns trechos do Evangelho de São Mateus que ilustram o que aqui se diz.
         Ana Vicente
         Maio 2013
 

AINDA HÁ MUITO QUE FAZER

         
        1. São sobretudo os portugueses que, actualmente, vivem bem e muito bem que acusam os outros de terem andado a viver acima das suas possibilidades. Encontrei, por acaso, um conhecido que já não via há muito tempo, que me exibiu uma estratégia para acabar com as aldrabices dessa conversa inconsequente e para me convencer a desistir das minhas homilias dominicais. O importante não é saber quantos habitantes estão a mais em Portugal, mas como os eliminar sem dor.
       Para ele, a política ou falta de política tornou-se um falatório de ilusionistas. Portugal, sem batota, nunca terá recursos nem habilidades para manter mais de três milhões de pessoas. O governo, aliás, sabe que é assim. Segue o caminho certo e tomou medidas que já começam a dar frutos: os jovens que não emigrarem e que não tiverem emprego não podem ter filhos. A população, a prazo, será controlada. Os idosos, privados dos modernos cuidados de saúde, morrem mais depressa e “o ambiente agradece”.
       Para um pragmático puro e duro, esse caminho é excessivamente demorado para resolver problemas e pagar dívidas que estão sempre a aumentar. A solução tem de ser mais rápida e radical.
       Hoje, já é possível controlar os nascimentos e determinar quantos são os desejáveis do sexo masculino e feminino. Para evitar gastos com a saúde de bebés, só devem nascer aqueles que mostrarem estar isentos de qualquer doença, real ou potencial. Aos setenta e cinco anos deve ser imposta a reforma da vida para todos. Os funerais serão baratos. Esta medida libertará recursos económicos e financeiros para fins mais produtivos.
       Poderíamos, desta maneira, ser pioneiros na resolução de problemas postos a nível mundial. Se os sete mil milhões de seres humanos na terra tivessem o nível de vida dos EUA seriam necessários, pelo menos, mais seis planetas, para satisfazer as suas necessidades. No período em que a população cresceu 100%, a área cultivável só aumentou 10%. Assim não dá.
       A solução do referido pragmático não é um atentado à vida humana pois, agora por agora, a morte é certa. O método proposto apressa o céu aos crentes. Os não crentes na vida depois da morte são poupados às doenças, aos hospitais e aos lares que tornam a vida um inferno laico. Os que acreditam na reencarnação só começam mais depressa a nova experiência de vida. Quem insiste em convicções humanistas e religiosas, sobretudo as que destacam o valor absoluto da pessoa humana, criada à imagem de Deus, não se podem queixar, pois a divindade só pode ver com bons olhos uma solução que evita sofrimentos desnecessários.
       Esta pragmática tão despachada é uma divindade despótica, própria de uma era que não acredita em milagres de bondade e solidariedade mas, sobretudo, por já ter o futuro todo previsto e desenhado. Depois de ter transformado o ser humano numa coisa, sem sentimentos, sem liberdade e sem interrogações, é fácil determinar o que convém e não convém a essa estranha criatura.
        2. Não nos devemos admirar muito por ainda não termos encontrado boas saídas para os enigmas da aventura humana. Os casos individuais, apesar da medicina, não levam muito tempo a resolver. Para a humanidade enquanto tal surgem repetidos anúncios do fim do mundo.
       A mais antiga narrativa cristã acerca deste tema vem na primeira carta aos Tessalonicenses. Com a vitória de Cristo sobre a morte, o último inimigo a vencer, as primeiras gerações cristãs encontraram a boa solução: juntarem-se a Cristo Ressuscitado o mais depressa possível e entrar no Reino da Alegria. S. Paulo até organizou o programa dessa viagem definitiva: “Se cremos que Jesus morreu e ressuscitou assim também, os que morreram em Jesus, Deus há-de levá-los em sua companhia. Por isso vos declaramos, segundo a palavra do Senhor: que os vivos, os que ainda estivermos lá para a Vinda do Senhor, não passaremos à frente dos que morreram. Quando o Senhor, ao sinal dado, à voz do Arcanjo e ao som da trombeta divina, descer do céu, então os mortos em Cristo ressuscitarão primeiro; em seguida, nós os vivos que estivermos lá, seremos arrebatados com eles nas nuvens para o encontro com o Senhor, nos ares. Assim, estaremos para sempre com o Senhor. Consolai-vos, pois, uns aos outros, com estas palavras” (1Ts 4, 13-18).
       Paulo, imprudente, esqueceu-se de marcar a data do arrebatamento. Se o fim estivesse mesmo a chegar, para quê trabalhar? Na segunda carta, Paulo está a colher os frutos da sua sementeira, pois há muitos que levam a vida à toa, muito atarefados a não fazer nada. Não dispõe de argumentos teológicos para os mover. Torna-se, então, muito pragmático: quem não quer trabalhar, que também não coma (2 Ts 3, 6-12).
       3. Na celebração deste Domingo, Jesus ressuscitado, antes de se despedir, deixa-nos algumas recomendações: abandonar a inveterada vontade de poder e mantermo-nos disponíveis para as aventuras do Espírito de Deus. Há muito que fazer e não basta estar sempre a olhar para o céu (Lc 24, 46-53; Act 1, 6-11). A história da Igreja no mundo está aberta, é nosso encargo. Não nos deixou um manual de instruções do tudo previsto. Os que depois nos arranjaram, não satisfazem.
       Frei Bento Domingues, O. P.
       12.05.2013
       in Público

05 maio 2013

A DITADURA DO MEDO

1.Estamos na era do medo irremediável ou nas vésperas de "novos céus e nova terra", como canta o Apocalipse e que a liturgia continua a proclamar (Ap. 21,1-5)?
O medo, fruto da apreensão de um mal como ameaça eminente e à qual não se vê como resistir, pode ter várias causas e muitos rostos. Enquanto tal, é paralisante. O próprio Jesus, ao sentir-se ameaçado de morte pelo Sinédrio, deixou de andar em público entre os judeus (Jo 11,54).
Só quando venceu o medo dentro dele próprio, enfrentou o perigo, embora, em plena oração no Jardim das Oliveiras, tenha sido assaltado por extrema angústia. As mulheres foram as únicas que, depois do desastre, venceram o medo. Os discípulos viveram trancados, enquanto o Espírito Santo não os modificou até à raiz e abriu o seu judaísmo ao mundo pagão, ao mundo dos gentios. Isto não aconteceu sem um grande debate no Concílio de Jerusalém. É o tema da Missa de hoje.
Os Evangelhos, ao colocarem na boca de Jesus um repetido "não temais", dizem que não era a audácia que os animava.
O medo paralisa, o amor é criativo. É ele o mandamento novo, o mandamento da inovação. Onde abunda o amor desaparece o temor, diz S. João.
2. D. Manuel Martins tinha falado da ditadura do medo na sociedade portuguesa actual, devido ao desemprego crescente num modo avassalador: medo de perder o emprego, medo de não conseguir emprego, medo da miséria. A rendição a todas as condições de trabalho de empregadores sem escrúpulos, que nem sequer pagam a quem trabalha, foi denunciada pela Caritas, no primeiro de Maio. No mesmo dia, o Movimento Mundial dos Trabalhadores Cristãos lembrou algo de mais universal: a riqueza do mundo pertence, apenas, a 1% de privilegiados. Nos cinco continentes, há duzentos milhões de desempregados. O Papa Francisco alerta: "Quantas pessoas, em todo o mundo, são vítimas deste tipo de escravidão, na qual é a pessoa que serve ao trabalho, enquanto deveria ser o trabalho a oferecer um serviço à pessoa para que ela tenha dignidade. Peço aos irmãos e irmãs na fé e a todos os homens e mulheres de boa vontade uma decidida tomada de posição contra o tráfico de pessoas, no âmbito do qual está o "trabalho escravo".
Na Quaresma de 2010, ao pedir um gesto fraterno, Jorge Mario Bergoglio escreveu: estamos em risco! Como sociedade, acostumamo-nos, pouco a pouco, a ouvir e a ver a crónica negra de cada dia; habituamo-nos, também, a tocá-la e a senti-la à nossa volta sem que isso mexa connosco; produz, quando muito, um comentário superficial e descomprometido. A chaga está na rua, no bairro, em nossa casa; no entanto, como cegos e surdos convivemos com a violência que mata, destrói famílias e bairros; aviva guerras e conflitos em muitos lugares e olhamos para isso como mais uma imagem. O sofrimento de tantos inocentes deixou de nos incomodar, o desprezo dos direitos das pessoas e dos povos, a pobreza e a miséria, o império da corrupção, da droga assassina, da prostituição imposta e infantil passaram a ser moeda corrente sem realizarmos que, mais cedo ou mais tarde, teremos de pagar a factura (cf. Vida Nueva n.º 2.844 pg. 50).
Isto não é uma fatalidade. É assim, porque nós consentimos.
3. Segundo as narrativas da criação, de carácter poético, teológico e ético, o ser humano é uma criatura criadora, prodigiosa, mas também capaz da maior destruição. Não vale a pena recuar para qualquer mito de paraíso perdido. De facto, somos nós que, hoje, herdamos frutos da criação humana de milhares e milhares de anos e, também, da sua desfiguração. Somos responsáveis pelo nosso presente e pelo futuro. Compreender o que está a acontecer é a nossa tarefa de cristãos. No século XIX, Pio IX não compreendeu o sentido do mundo moderno. Fixou o olhar, apenas, no que julgava inaceitável e escreveu os anátemas do Syllabus.
Leão XIII (1810-1903) inaugurou a Doutrina Social da Igreja (DSI). Com João XXIII (1881-1963) e o Vaticano II, dá-se uma grande mudança nessa doutrina: passa-se do anátema ao diálogo. João Paulo II, que viajava pelo mundo deixando a Cúria à solta, preocupado com o comunismo marxista que tinha sofrido na Polónia e com os trágicos mal-entendidos acerca da Teologia da Libertação, vai dar outra viragem à DSI, afinal a doutrina social dos Papas. Situou-a no campo da teologia moral (A Solicitude Social da Igreja, n.º 41).
Qual pode ser o perigo deste modo de a interpretar? A DSI não pode cingir-se ao protesto, ao desejo, ao discernimento moral. Não pode deixar de ter em conta as mudanças provocadas pelas novas ciências e pelas tecnologias inteligentes, que alteram os próprios dados da questão social. É para essa nova realidade que Jeremy Rifkin, na sua obra A Terceira Revolução Industrial, chama a atenção.
Importa que a DSI passe a ser reelaborada com o contributo de especialistas das ciências sociais. Qual é o papel da Doutrina Social dos Papas nas Universidades Católicas e das investigações das Universidades Católicas na elaboração da DSI? Mas, para se poder chamar, com verdade, DSI tem de seguir a eclesiologia do Vaticano II (Lumen Gentium, 36 e a Gaudium et Spes). A Igreja é constituída pelas mulheres e homens que se reconhecem em Jesus Cristo. Todos juntos, não teremos medo.
Frei Bento Domingues, O.P.
5 de Maio de 2013

28 abril 2013

UM PAÍS NÃO É UM CONVENTO

1. A palavra reforma evoca muitas significações para além da mais corrente, isto é, a quantia - ora de fome, ora milionária - atribuída a pessoas aposentadas. A desejada reforma da Cúria vaticana é de outro género. Neste sentido, designa as medidas adoptadas para que uma instituição degradada volte à sua forma primordial. Nas épocas de decadência das Ordens Religiosas, por exemplo, a ideia de reforma era o sonho de um novo começo, através de um retorno à fonte do projecto inicial. Voltava-se às antigas observâncias, por vezes de forma anacrónica, mas com a intenção de encontrar o espírito fundacional. O regresso às primeiras expressões da pobreza era sempre a marca de uma reforma autêntica. Ao perderem o despertador da austeridade voluntária, as instituições religiosas fingiam ver na progressiva abundância dos seus bens, um sinal de bênção divina.
Fora da escolha livre e alegre do caminho da pobreza, a “vida religiosa” torna-se uma caricatura do Evangelho, uma prisão. Há critérios para avaliar a autenticidade das reformas na Igreja no seu conjunto ou nas Ordens Religiosas, pois como escreveu Yves Congar, existem verdadeiras e falsas reformas.
Reformar não consiste em reproduzir materialmente o passado. O “aggiornamento” é um modo de criatividade no seio das contradições da actualidade. Reproduzir a letra, sem o impulso do espírito, é a morte de qualquer reforma. João XXIII percebeu isto como ninguém, num contexto histórico assustador. Treinou-se, ao longo de toda a vida, nas situações mais diversas, a nunca esquecer que era apenas um aldeão, Angelo Giuseppe Roncalli, de Sotto Il Monte, de uma família pobre que nunca ganhou nada com ele ser padre, bispo, cardeal ou papa. 
A pobreza voluntária, a “dama pobreza” de S. Francisco de Assis, só tem sentido como afirmação de liberdade. Quem se faz pobre ou se mantém pobre, por vontade própria, diz a si mesmo e aos outros que não são as coisas, nem o desejo de possuir que mandam na sua vida. As austeridades são apenas instrumentos para moderar a desagregação dos apetites e aprender a hierarquizar os desejos. O culto da austeridade pela austeridade é uma doença. A escolha de uma vida moderada é uma sabedoria. Como dizia Sto Agostinho, mais vale precisar de pouco do que possuir muito.
2. Noutro registo muito diferente, em alguns países, foi imposto, como castigo, um regime de austeridade cada vez mais violento. Teve um momento de expressão estético-medicinal, cortar nas gorduras do Estado e das organizações, mediante um rigoroso programa de emagrecimento. Estas receitas tentavam corrigir erros – despesas sem sustentação - com outros maiores, paralisando e insultando as populações.
        Onde foram aplicadas, essas medidas cegas arruinaram a vida dos povos e impediram as reformas virtuosas, as produtivas. A obsessão pela austeridade nos decisores políticos não era inevitável. Foi uma opção. Quem o diz é o Nobel da Economia, Paul Krugman. Neste momento, são as próprias teorias económicas e financeiras que propuseram este caminho aos países, sobretudo aos preguiçosos do sul da Europa, que revelaram a sua debilidade. Nem o Excel foi poupado.
 Com a ideia fixa de que não havia alternativa, Portugal contraiu uma doença degenerativa, a “espiral da recessão”. O próprio presidente da Comissão Europeia perdeu a confiança nos “conselheiros tecnocratas” que, “nos dizem qual o melhor modelo, mas que quando perguntamos como o implementar, dizem que isso já não é com eles. Isto não pode acontecer a nível europeu” (Cf. Expresso on line 22.04).
A política de austeridade não atingiu apenas os seus limites. Lançou no desemprego milhões de pessoas. Não se devia poder brincar com o destino colectivo dos povos. A reforma da política de um país ou da UE não é a reforma espiritual de um convento. Pobreza voluntária é uma escolha virtuosa. Empobrecimento e miséria impostos por políticas erradas é crime, segundo a doutrina social da Igreja, cujo primado é o “bem comum”, ao serviço da dignidade das pessoas.
3. Os portugueses desempregados foram internamente humilhados e ofendidos como um povo de lamechas: quem não estava bem que emigrasse. De repente, Portugal era uma empresa na qual os que tinham trabalho deviam trabalhar mais horas e reformar-se mais tarde. Os outros eram dispensados, com a obrigação de não produzirem nada e procurarem viver de esmolas.
      Durante muito tempo, as lideranças da Igreja Católica tentaram mostrar que se estava a construir uma Europa esquecida das suas raízes cristãs. Com razão. Mas também elas se esqueceram de colocar os seus “cientistas sociais” a conceber e a trabalhar na construção de uma Europa possível, de pequenos passos, em bases sólidas, para que as ideologias e instrumentos mundiais da ganância não dominassem as suas políticas em regime de globalizada especulação financeira.
Nenhuma congregação faz votos de enriquecimento, mas acabam sempre por enriquecer. Não seria melhor adaptarem-se aos tempos modernos e desenvolver grandes empreendimentos, em nome de boas causas, católicas ou não católicas, na linha da religião da prosperidade, bênção divina?
Valha-nos Deus, ninguém tem culpa de que Jesus não tivesse jeito nenhum para o negócio. 
Frei Bento Domingues 
in Público

25 abril 2013

ASSOCIAÇÃO REDE DE CUIDADORES

COMUNICADO À IMPRENSA


      Em face das notícias ontem veiculadas sobre o arquivamento, por parte do Ministério Público, de casos de abuso sexual envolvendo pelo menos cinco sacerdotes na Diocese de Lisboa, a Associação Rede de Cuidadores, que tomou a iniciativa de participar, em tempo oportuno, àquela entidade, informações por si recebidas sobre aquele tema, vem dar nota da sua posição:
1.   A Rede de Cuidadores é uma associação não-governamental sem fins lucrativos, direcionada para a prevenção de maus tratos a crianças e adolescentes, seja qual for a origem dos eventuais agentes, mormente quando há suspeitas de abusos sexuais.
2.   Quando considera existirem suspeitas fundadas, dá nota do que conhece aos órgãos competentes titulares da ação penal em Portugal.
3.   No caso em referência resultou que, da investigação efetuada, o Ministério Público concluiu que o decurso do tempo impediu o procedimento criminal por, à luz da legislação aplicável, terem já prescrito os alegados crimes contra a liberdade e autodeterminação sexual, parte deles visando menores.
4.   Como se deduz de uma leitura atenta do comunicado, o Ministério Público não afirma que os alegados crimes não tenham ocorrido mas que, por o Código Penal em vigor na data apurada como sendo a da efetivação dos citados comportamentos criminosos, só aceitar a sua denúncia pelas vítimas, ou seus legítimos representantes, até 6 meses após completarem os 16 anos de idade, os mesmos foram arquivados.
5.   Estranha-se por isso (e lamenta-se) que o porta-voz da Conferência Episcopal se congratule com o arquivamento por pessoas concretas terem sido ilibadas apenas... porque a lei aplicável era mais permissiva do que a atualmente em vigor.
6.   Tanto quanto ao mundo dos leigos é permitido saber, não é esta a posição expressa no Direito Canónico, onde não existem prazos de prescrição para crimes desta natureza.
7.   Considera assim a REDE que o citado porta-voz da Conferência Episcopal Portuguesa está a ter uma posição descuidada face aos grandiosos desígnios espirituais e sociais que, por missão, à Igreja cabem, nomeadamente quanto à busca da verdade e do aperfeiçoamento dos seres humanos.
8.   Espera pois a REDE que pelo facto de, em face do arquivamento, formalmente não terem existido os abusos que aos órgãos próprios relatou, que a Igreja Católica Portuguesa, perante os relatos que lhe têm chegado, por várias vias e datas, tenha a coragem de acionar o que a este propósito determina a Lei Canónica, além de tomar os devidos cuidados para evitar situações análogas (tendencialmente reincidentes, em todo o mundo), perpetradas pelos mesmos ou outros sujeitos.
9.   Entretanto a Rede de Cuidadores continuará a trabalhar atenta às instituições onde estes fenómenos estão naturalmente facilitados e continua a recordar aos dirigentes da Igreja Católica Portuguesa que enfiar a cabeça na areia nunca resolve quaisquer problemas humanos. Só a verdade é libertadora.
Lisboa, 23 Abril 2013
O Presidente da Rede de Cuidadores
                                          Álvaro Andrade de Carvalho